CADENAS ROTAS

No hallo palabras para describir la sensación que me causó ver a aquel joven, esbelto y desnudo, tirado en el suelo encima de unas hojas secas, su piel blanca, con un tono cerúleo en sus labios carnosos antes magenta. Unas hojas cubrían sus mechones negros. Su vida escapaba en cada aliento. Caminé unos pasos hacia él. De inmediato distinguí cómo sus ojos me miraban con resentimiento, con hastío, con desprecio. Como si fuera la causante de su agonía. Me aproximé hasta tenerlo a un metro de distancia. Olía a hierbas húmedas y azufre. Su pecho de marfil se pintaba carmesí. Su herida parecía haber sido producida por zarpazo de algún animal salvaje.

Estábamos lejos del pueblo.

Me aventure a caminar hacia el monte porque tenía deseos de estar sola. Alejada del bullicio, del crin de los caballos, del ruido del motor del coche, alejarme del cochino que gemía antes de ser asesinado y dispuesto para la cena. Alejarme de mi raquítica madre, postrada en su cama, esperando la piedad de mis abuelos para que la lleven con ella a un sueño eterno. Lejos de un padre esclavo de sus pasiones. ¡Lejos, lejos, lejos! Huí de mi casa para encontrarme a las afueras conmigo. En la entrada de la vida silvestre sintiéndose como una puerta que habría que cruzar un enorme árbol blanco (pero realmente enorme que mi altura era la mitad de sus raíces), una ceiba daba refugio a las almas desamparadas como la mía. Su presencia era imponente, parecía tener una vida consciente con tanta solemnidad y temple. Verla de día te brindaba paz pero de noche, aquella madera blanca destacaba entre la penumbra como una luz fantasmal, como si te advirtiera de los peligros del monte o como si ella misma, estuviera dispuesta a causarte daño.

Aquel joven siguió mirándome, entrecerrando los ojos. Me acuclillé a su costado, titubeando, toqué su frente. Estaba hirviendo.

-Debo curarte

Súbitamente se incorporó y apretó mis hombros con sus delgados dedos. Penetró sus ojos negros en los míos. Su piel helada me impedía moverme y mi respiración se fusionaba con la suya.

Mi carne ardía, se quemaba.

Esbozó una sonrisa de medio lado, satisfecho y con un toque de picardía, como cuando un niño chiquito hace alguna una travesura.

Un fresco aire proveniente del monte, un sonido lejano del movimiento de las hojas, un revoloteo de aves me hizo mirar hacia la entrada de la morada sagrada de mis antecesores. Cuando miré a mi alrededor me hallaba sola. No había sangre en las hierbas, ni viento que corriera libre. Toqué mi hombro, en instinto para saber si soñé o fue real, pude sentir una hendidura y al destaparme note unas huellas de carbón ardiente. No aluciné.

Lentamente, me retiré a mi casa. El sol estaba por ocultarse y unas nubes negras anunciaban una tormenta. Extrañada, sorprendida, no sabía si decirle a mi madre sobre este encuentro o callarlo, como un secreto mío y del monte.

Mi casa, era humilde, un hogar de dos recámaras, con un amplio patio delantero para guardar la camioneta de mi padre, en donde llevaban los cochinos frescos a los carniceros. La pintura amarilla se comenzaba a desgastar por el tiempo, ya llevaba años desde la última restauración y la humedad del lugar formaba negras manchas de moho en su techo. Entré, mi madre estaba en su habitación, como si nada hubiera pasado, dormida.

Ni siquiera notó mi ausencia. La vela de su existencia pronto se apagaría que no me alcanzaba ya su luz, su paciencia, su temple, me hundía en su oscuridad. Su enfermedad cada día mermaba sus fuerzas. Mi padre, peleado con ella hace tiempo, no era digno de entrar a LA MISMA ALCOBA, quizá, pasaba la noche con una amante o en un bar. Huyendo, con mayor agilidad que yo de aquella cárcel de cuatro paredes. Sentía como las múltiples enfermedades de mi madre fueran unas cadenas que de cuando en cuando podía soltar para caminar un poco, un poco de libertad pero nunca serlo plenamente. Ansío, aunque con vergüenza, el día que la luz se extinga y dejarme arrastrar por la tiniebla.

Mi habitación colindaba con el patio trasero en donde yacían nuestros dos caballos, tres cerdos, dos gallinas y un gallo. Sólo una valla de madera dividía nuestro hogar del monte.

Estaba algo cansada y el espejo de mi cuarto corroboró mis facciones: Mis ojos hundidos, mi rostro demacrado, mi cabello revuelto. No lucía nada joven, ni sana, ni mucho menos guapa. Me recosté en mi cama con mi cabeza hacia mi ventana, escuchaba el repiqueteo de las gotas contra ella. Un rayo iluminaba mi espacio mostrando mis pocos libros, ropa vieja y escritorio con tareas por hacer de mi bachillerato. La lluvia arreciaba, los truenos se volvían más estrepitosos, sonando como cómplices de mi desgana, arrullandome para conciliar el sueño. Accedí. Dormí.

Escuché una respiración pausada, un aliento que se mezclaba con el mío. De un sobresalto abrí los ojos y se fue mostrando lentamente una silueta oscura, era un perro negro. Lo primero que noté fue su mirada de fuego que escudriñaba mi rostro, sus colmillos blancos perfectamente afilados, de su mentón caían unas gotas sobre mi cuello y sus cuatro patas abarcaban toda mi cama. Su piel húmeda empapó mi lecho, estaba tan helado por la reciente lluvia que comencé a tener ligeros escalofríos. Su pelaje se sentía áspero y su pecho estaba cubierto de sangre, me erizaba tan solo tocarla. Era ÉL.

No tenía la menor duda de que era aquel joven que conocí en la mañana, aquel que me dejó una marca en mi hombro, y por tanta familiaridad, aunque lucía de forma salvaje y siniestra, tuve consuelo. Lentamente, bajó su cuello y puso su hocico en mi torso, olisqueaba mi piel como presentándose, dando un saludo. De cuando en cuando, su cercano y fino pelaje me hacía estremecer. Y unas repentinas punzadas de placer encogían mi menudo cuerpo. Recorrió con su nariz toda mi piel, mi senos, mi cintura, mi sexo…Inmóvil, ansiosa, esperaba verlo de nuevo. De un zarpazo rompió mis prendas dejando ver mi pechos desnudos y unas ligeras líneas sanguinolentas. Suspiré y contuve mi respiración. Sin apartar su vista de mí, su lado salvaje, bestial y místico se fue convirtiendo en un humano de piel blanca y cabellos azabache. Al presentarse ante mí se mostraba divertido y con una sonrisa de medio lado, entrecerrando sus ojos, frunciendo su nariz para luego lanzarme una sonrisa plena. Sus labios carnosos ya no estaban azules, se miraban ligeramente rosados y la herida que tenía en la mañana, se estaba cerrando casi en su totalidad.

-¡Hazlo!

Imploraba a esos ojos que me llevara con él. Imploraba a que juguemos el uno con el otro y escuchando mi petición, sonriendo, se dispuso a crear un cuadro de éxtasis con nuestros cuerpos como lienzo. En cada beso suyo sentía como si existiera plenamente, como si una parte de mí cobrara sentido y mi mundo gris tuviera brochazos de color. Fuerte, indomable, salvaje. Sus brazos torneados y fornidos me apretaban con fuerza, sus manos se sentían como ligeras garras que cortaban de cuando en cuando mi espalda. Aquellos besos apasionados ardían dentro de mí y su lengua jugaba con la mía. Mordía mi cuello, mis hombros, mis pechos con tanto empuje que mi cuerpo iba teniendo ligeros espasmos. Su cadera arremetía contra mi vientre, y aunque al principio sentí dolor, me tranquilizaba frunciendo sus nariz de manera bromista, para luego besar mis labios. Aquellos besos silenciaron la transición del dolor por el gozo.

El placer embriagaba cada poro, nuevos caminos descubiertos, él mirándome de una forma bromista y perversa…Yo deseaba que no llegue el amanecer.

Escuché a los lejos, el llamado de mi madre por su medicina.

-¡Claudia, Claudia! ¡Mis pastillas…!

Debía entregarle sus pastillas con agua, para prolongar un día más su vida. Mi instinto de hija protectora me hizo intentar liberarme de ÉL.

Me detuvo con otro beso.

Metió su dedo índice en mis labios y ladeaba su cabeza en señal de no quería que partiera. La voz de mi madre sonaba con mayor intensidad en el otro lado de la casa, en la habitación contigua. Pero el volvió a frenar mis deseos de partir.

-Diré que dormía profundamente

La cadena se fue soltando, abriéndome un camino hacia la libertad, lo sentía. En cada forcejeo, en cada rasguño en mi espalda, en cada mordisco de mis senos. Sentí la libertad que anhelaba.

Desnudos, con las piernas entrelazadas, mirándonos a los ojos, caímos rendidos. Dormimos.

Al llegar el alba, todo estaba en su sitio pero yo aún sentía los orgasmos en mi cuerpo.

Velamos a mi madre ese mismo día, la descubrimos muerta mi padre y yo. Varios vecinos me daban condolencia, lloraban conmigo y me decían lo bella, noble y buena que había sido. Aquélla estaba en su féretro, con flores blancas, descansando con mis abuelos en el cielo.

Ataviada de negro por el luto, me dirigí a las afueras del pueblo, mirando aquel árbol inmenso y frondoso. Mi camino hacia el cielo o al infierno. Mi entrada al inframundo.

Debajo, en sus raíces, estaba acostado mi visitante nocturno, destacando por su pelaje negro y ojos rojos que centelleaban, se puso en alerta al verme avanzar hacia él. De cerca, lo acaricié. Caminó despacio entre las ramas y seguí sus pasos. Estaban rotas mis cadenas. Y atraída hacia las tinieblas, hacia lo salvaje, mágico, místico… me interné con ÉL.

Perdí mi humanidad para siempre.

CONVOCATORIAS PERMANENTES DE REVISTAS LITERARIAS

¿Te gusta escribir tanto como a mí?

Entonces esta publicación es para ti.

Enlacé las revistas literarias mejores posicionadas en Google (las primeras tres páginas) y con sus convocatorias abiertas. ¡Checa las bases de cada una!

Revista A buen Puerto. (México)  Convocatoria 

Revista Efecto Antabus. (México) Convocatoria 

Revista Visor (Si recibe una propuesta fuera de su plazo la puede publicar en otra edición)  (España)            Convocatoria 

Revista Tierra Adentro . (México) Convocatoria

Revista Cinco Letras Hotel Convocatoria 

Revista Rojo Sirena (México) Convocatoria 

Revista Cuadrivio (México) Convocatorias 

Cuadrivio Segunda Época (México) Convocatoria

Revista Zoque (España) Convocatoria 

Revista Babar (España) Convocatoria

Revista Picnic Convocatoria

 

Conforme vaya encontrando revistas diferentes actualizaré esta publicación. ¡Espero te haya gustado mi aportación! No dudes en enviar un texto y en dejarme comentarios como retroalimentación.

 

 

 

Crónicas de la Civilización Terrestre Avanzada. SCI-FI

 

Estaban orgullosos de sus nuevos progresos, realmente orgullosos.

Aquellos humanoides intelectuales, llamados humanos, se comunicaban ahora por medio de ondas magnéticas. Emanadas de su cerebro, fortalecidas con diademas especiales.

Tenían boca, pero rara vez era usada para  parlar con su semejante. El simple hecho de producir un sonido de ella era tomado como ofensa. Unos cuantos adinerados, preferían cosérsela e inyectarse los nutrientes que le daban la vida.

Sin embargo, su cuerpo había evolucionado a la par que su tecnología. Eran: Una especia de “cyborg”.

Esta nueva raza, la sexta raza terrestre en la evolución. Tenía como peculiaridad que mucha de su fuerza vital era proveniente del astro Sol. Si la mente funcionaba mediante corriente eléctrica, su cuerpo igual. La piel había desarrollado pequeñas células fotovoltaicas que atravesaban todo el corriente sanguíneo y producían energía con las enzimas adecuadas reguladas por  la insulina. A pesar de que la gran mayoría de la energía provenía del SOL, necesitaban ciertos nutrientes. Estos los conseguían sólo en los alimentos.

Y claro, todo el sistema alimenticio igualmente había cambiado.

Ya no había más carnes grasosas, ¿Quién ser, si era considerado pudiente, se atrevería a degustar esa comida tan infame? No, ellos no consumían carnes grasosas, ni aceites, ni ningún tipo de carne de  origen animal: Producían su propio alimento industrializado. Las grandes empresas alimenticias estaban al tú por tú con las empresas de desarrollo robótico y de restauración del cuerpo. Se basaban en alimentos de soya, totalmente vegetales. Pero cuya modificación era tal, que lo saturaban de nutrientes. Un solo bocado era suficiente para todo el día. Había que ser cuidadosos con el medio ambiente. Por supuesto, las heces eran también recicladas.

 

Cada persona tenía la obligación de guardar su excremento en un  su bacín, este era un contenedor. Una vez que se llenaba el almacenamiento de excremento, era vendido o llevado a una fábrica de fertilizantes, que lo usaban como abono. Y el metano del excremento citado, era usado como combustible moderno para sus naves y coches híbridos.

¿Y qué se puede decir de los gases producidos por la exhalación? Eran encapsulados para que las plantas los convirtieran en oxigeno. Bueno, no cualquier tipo de planta, eran usadas algas marinas en los laboratorios para mayor producción de oxígeno y buscar que el ser humano prolongue su vida. Aunque sea un poco más.

¿Y que decir del agua?

Los antecesores habían sido insensatos. La quinta raza humana, ya extinta para nuestra fortuna….

El agua era demasiado costosa. Un trabajador de ocho horas solo recibía un vaso de agua por día.

Y eso no era todo, era agua reciclada de su propio orine. Había que economizar y pasaron la tecnología, de lo que una vez fue la NASA, a la vida diaria.

El proceso de producir agua era alto, el proceso de reciclar agua era todavía más elevado y  el precio por cada vaso una verdadera injuria. Y aunque el cuerpo de esta nueva raza, era cada vez más mecánico que biológico, el agua seguía siendo vital. Era como el aceite de una máquina. Sin ella, sencillamente, uno “dejaba de funcionar”.

Sólo los más altos miembros de las clases sociales tenían derecho a más raciones. Pagada, claro, por el impuesto de la población.

Aunque el ser humano había evolucionado y su tecnología era cada día más accesible a causa de mayor producción y mano de obra, la política se manejaba como en tiempos de los  “primitivos” (como suelen llamar a los humanos de la quinta era).

Sin embargo, el sistema es más complejo al que rigió una vez a los humanos primitivos.

Tal vez, porque necesitaban nuevos medios de asegurar su éxito.

La educación era basada en lograr el éxito personal. Tú eres un campeón, tú eres exitoso por haber nacido. No promovían la fe en un Dios o en otra religión, si tu puedes hacerlo todo, no necesitas apoyo divino. Así de simple.

Promovían el “tú” y la soledad. Desde pequeños a los niños se les enseñaba a respetar su medio ambiente, a jugar con máquinas y desarrollar habilidades cognitivas para nuevas tecnologías y tendencias. Se les entrega artefactos de última moda y con ellos, podían jugar y estudiar. Cada niño a su ritmo y tiempo. Si algún niño cometía la osadía de llorar, de quejarse, de hacer un berrinche, de reír  y  hacer algún ruido por su boca de inmediatos era castigado. En algunos países los bebés ya nacían sin labios o mudos, pero eran muy pocos los afortunados. La gran mayoría lloraba como primitivo, pero una vez que llegaban a cierta edad: ¡Prohibido!

En esta escuela eran entrenados de acuerdo a sus habilidades. Se había separado las inteligencias por cada gusto, para que cada niño se ubique en su área desde pequeño y al crecer, se vuelva parte del sector trabajador.

Los niños que eran hijos de los políticos, recibían una educación diferente. Le enseñaban de todo, tenían que tener muchas habilidades, en especial, la oratoria.

La nueva generación de niños habían nacido autistas. No hablaban, no se comunicaban fácilmente con el resto. Eran niños inteligentes y pródigos que, una vez incorporados a la sociedad laboral eran uno solo. Y así era el resto de la sociedad.

Había diferentes opiniones, pero para cada una con su sector, con su grupo controlado que les daba bienestar. No había quejas. Sólo de los costos, pero mientras que recibieran su ración de agua en el trabajo. Cuyo derecho era legalizado, ¿Qué más podían pedir? Las leyes eran justas. Ellos no podían ascender de puesto porque no tenían la educación ni preparación suficiente. Había padres que, con un poco de esfuerzo y suerte, pagaban a sus hijos la escuela de los políticos y sobresalían. Fuera de eso, todo era homogéneo. Así estaba escrito y así debía de ser.

 

Felizmente todos podían tener acceso al internet, a los juegos, a los celulares.

Era muy común ver a la gente con teléfonos, comunicándose con sus amigos  por mensajes de texto, email y rara vez, llamadas. Cada persona, con su habilidad extra de comunicación por ondas, prácticamente se conectaba a su teléfono como si fuera un módem y con ello  podía estar en contacto con quien quisiera. La telepatía raramente era practicada  porque aun no era comprendida. La habilidad de “comunicación magnética humana” fue aplicada con los instrumentos de comunicación rutinarios.

Era muy común estar sentado en un camión y ver a todos los pasajeros con un teléfono, sin siquiera dirigirse la palabra, sin ver su entorno natural, sin prestar atención a la anciana que sube y va parada en el incómodo viaje. Era de lo más normal. Sólo ver la pantalla. Para ello se les enseñaba de pequeños. Incluso, había software que  podían guardar una personalidad y ser tu amigo mediante respuestas predeterminadas, según el perfil, si uno no quería o no podía llevarse con una persona del entorno. Esta sustituía la compañía de otro. Y si eras ahorrativo, podías mandarte hacer un androide con la forma que desearás y esa personalidad para ser tu pareja o amigo. ¿Para tomarse la molestia de buscar pareja, un amigo si podías hacerlo? Si querías ser madre, podías encargarte un “bebé”  y cuidar de él. Tenía la cualidad de no ser costoso como uno real, no limpiarlo, no llorar, no desvelos nocturnos. Y con llevarlo cada tiempo con el fabricante, podía crecer.

Muchos se preguntaban ¿Cómo podían crecer?

Había muchos mitos urbanos. Desde que eran bebés reales hasta la más selecta tecnología. En fin,  este  muñeco podía crecer hasta los 5 años. Si querías verlo mas grande tendrías que pagar un androide nuevo y reciclar aquel, por lo tanto, no era sano encariñarse con este “juguete”.

Una de las cosas más usuales era insertarse en el cuerpo antenas, teléfonos, USB, entradas de lectores, radios… El ser humano necesitaba estar en constante contacto con la red. Con la globalización, con las ultimas noticias de las redes sociales. Necesitaba estar “en línea”. Aquel que no gozaba de esta tecnología  era sin duda un retrasado mental. ¿Cómo era

 

posible que prefieran leer o buscar compañía de otro si podía entrar a la red y comunicarse con cualquier persona de forma remota? Era una verdadera locura.

La gente de menor clase social-aquella que no podía ni mandar a su hijo a recibir educación, en la escuela citada-tenía derecho a asistir a una gratuita. Donde el tipo de enseñanza era basada en lecturas. Más económica  porque era menor la  tecnología empleada. Entonces, ellos sufrían de cierta discriminación. Pero en cambio veían el mundo de otra forma. Se relacionaban con su igual: Conocían el mundo antiguo…

Pero algunos si se deprimían por dicha discriminación, tanto que su deseo impulsivo de aceptación los llevaba a ser un “teléfono andante”. Esta nueva tecnología consistía en vender todo tu cuerpo, desde los órganos. Ya sea para trasplantes o para alimentos de obreros en fábrica-si esto era legal- y sustituirlo como recipiente en un androide-para guardar los elementos mecánicos y eléctricos necesarios-pero claro, para todo este proceso, tenían que asegurarse que fueras de clase baja, te hacían un estudio socioeconómico.  Una vez hecho este estudio en positivo, la venta se daba por concluida-cuya ganancia era el 30 % para tu familia y el resto para la compañía que usara tu cuerpo- tu memoria y conciencia era guardada en un software e insertada en un símil del cerebro. De hecho, era recomendable la refrigeración para evitar que se sobrecaliente el microprocesador que te habían colocado.  Una vez hecho este proceso, eras un “teléfono andante”.  Con tus recuerdos, memorias y gustos, pero con la diferencia de que podías ser contratado por otro para tener tu compañía y  los servicios de telecomunicación que ofrecías. De nuevo, de esta venta, la familia recibía el 30 % y el 25 % de pago anual por la contratación del servicio. Sin contar de que se era feliz. Verdaderamente feliz. Nunca se envejecía, no se despegaba de la red  y no necesitaba más que del sol para vivir, no más trabajo,  no más fabrica, ¿Qué más se podía pedir?

La verdad, desde mi punto de vista, esta era la peor decisión que uno podía tomar…pero muchos así eran felices, ¿Qué objeción poner ante ello? Cada quien es feliz a su manera.

Sin embargo, esta nueva forma de vida-ya de por si interesante-no es el hecho de mayor relevancia que quiero contar. Sino aquel que ocurrió cuando el sistema de comunicación

 

dejó de funcionar. Cuando las ondas cerebrales que eran amplificadas con una diadema dejaron de funcionar y la gente no podía comunicarse de esta forma tan desarrollada.

Debían recurrir al habla.

Ahora, procederé a narrar lo que me ocurrió, para que se entienda un poco porque me hallé en dicho planeta en ese momento.

Soy proveniente de la galaxia Andrómeda, estaba viajando en mi nave para llevar metales a al planeta Marte, los portales que estaban estratégicamente colocados me habían dejado cerca del planeta Mercurio, entre la Tierra y este.

Mis compañeros de trabajo me habían comentado que debía llegar a MARTE, en más tardar un par de semanas yendo a velocidad de la luz, así que no me preocupe, sólo fije las coordenadas.

Cada portal  era controlado por la Confederación Intergaláctica, y los metales con los que los fabricaban eran provenientes de mi planeta, los cuales, eran  capaces de  resistir las presiones del espacio, golpes de meteoros, y de ser receptores y emisores de ondas con la configuración adecuada. Sin necesidad de armar un complejo sistema electrónico. Se sincronizaban perfectamente. Como una sola unidad.

Este era el metal que llevaba a Marte. Y como dije, ya estaba advertido que el Sol de la Vía Láctea había presentado anomalías y que anduviera con cuidado, porque era posible tuviera explosiones magnéticas.

Y en efecto, esto ocurrió. Todo mi sistema de navegación quedó paralizado con la finalidad de protegerme. Ahora tenía que esperar que me auxiliaran del planeta más cercano. En este caso, la Tierra.

Y eso no era lo peor del caso, como mi sistema de anti gravedad había quedado inutilizado  en consecuencia de  la explosión, me quede por unos días en  la órbita terrestre. Girando como lo hace un satélite… con miedo a que la gravedad me atrajera y me destruyera al tratar de pasar la capa de ozono. Esto no pasó. La Luna me mantenía en el limbo terrestre y espacial.

Deberían de ver como veía yo. Absolutamente nada. En el espacio no se ve nada. Es una verdadera falacia el creer que se ve algo. Solo vemos porque la luz es desfragmentada por la capa de ozono, sin ella, no existiría ni luz. Todo sería penumbra. Así me la viví por unos días hasta que un terrestre me contesto y mando una tripulación al rescate. Al parecer habían sufrido problemas técnicos por la explosión ya mencionada.

A pesar de venir de otro planeta, mi origen era humano. Pero no de la sexta era, sino de la quinta era. Los que se quedaron evolucionaron, los que nos fuimos a la colonización espacial no evolucionamos como los terrestres. Sólo ante ciertas adversidades cósmicas.

Pero que sorpresa tan grande me llevé cuando  los tripulantes que me rescataron eran humanos vueltos máquinas… creí que eran androides, como los que encuentro en mi planeta, pero no.

Aun tenían huesos. Pero, con la boca cocida. Ya no la necesitaban. La sorpresa fue mayor cuando salude hablando y fui callado de inmediato. En mi teléfono llego el mensaje “es ofensivo hablar, por favor, usa este medio para comunicarte con nosotros. Eres un ser alienígena, por ende, debes ser mas avanzado tecnológicamente. Pero es aberrante que tengas boca y seas tan poco evolucionado”.

¿Poco evolucionado? Hasta que mi nave estuviera reparada podía continuar mi viaje a MARTE y mis  colegas no respondían. Como nos comunicábamos por medio de ondas de radio, se nos hacia habitual no hablar. Pero nunca creí que esto fuera llevado a tal extremo.

Aquí era un extremo. Y el orgullo con el cual vivían.

Por ser un empleado de la Confederación Intergaláctica, me trataron como a un Rey. Incluso me obsequiaron a un “teléfono andante”. Una chica de nombre PAM, de origen humilde…

Me pregunto, ¿Qué tan infeliz debió haber sido para tomar  tal decisión?

El Sol seguía registrando anomalías  y la segunda explosión apareció.

Esta provocó que todo el sistema de comunicación quedara deshabilitado. Y cuando digo todo,  no exagero. No había internet, no había radio, los satélites se desajustaron y tardaba una semana en reprogramarse automáticamente. Incluso mi PAM, se apagó.

El caos era imperioso, lo veía por como estaban desesperados, por las miradas que transmitían desconcierto y soledad. No podían comunicarse de ninguna forma…

Los que tenían partes de su cuerpo metálicos, fueron llevados de inmediato al hospital porque les dañaba el sistema nervioso: Había que extraer de inmediato.

Los púlsares solares continuaron. Los días en este planeta eran eternos. Los días se volvieron semanas…

Estas pulsaciones se debían a que el SOL, estaba envejeciendo. Se convertiría en una estrella roja. Quizá, lo más sensato era huir a otro planeta, porque el calor que había era intenso. A pesar de que la restauración de la capa de ozono fue un éxito, los rayos ultravioletas eran más intensos y el efecto térmico inhóspito. De la nada se incendiaban árboles. El miedo comenzó a gobernar, y sin tener medios eléctricos para comunicarse, recurrían a los manuales y mecánicos. Muchos no salían de sus casas.

Yo estaba en un hospedado en un hotel de lujo, 5 estrellas. Tenía para beber una jarra de agua al día-muy poco, porque necesitaba dos litros al día-y podía salir cuando lo deseara. Solo bastaba con pedirlo. De forma escrita, por supuesto.

Así que empecé a explorar-pobre PAM, se había desconfigurado-Y conocer poco  a poco este planeta llamado Tierra. La verdad, quería venir a vacacionar por estos rumbos. Sin duda, el medio ambiente del cual gozan los terrestres era superior al de mi planeta.

¿Cómo era posible que no se dieran cuenta de ello?

Salía con la protección adecuada, me acercaba a los restaurantes para degustar distintos menús, desde  los típicos hasta extranjeros.

Ahí fue cuando vi que se podía pedir “Carne de soya o humana” al gusto.

Cuestione que porque no de otro animal  y me dijeron que porque era costoso mantener  la ganadería y avicultura. En cambio, la carne humana era adquirida de los que se convertían en teléfonos. Y eran muchos los que ahora estaban desconfigurados por los púlsares solares. Igualmente, aquellos que se quedaban sin empleo, y no querían vivir en el oprobio se vendían así mismos para que su familia se mantenga y ellos eran alimento. Claro, si pasaban el estudio socioeconómico ya mencionado. No quise probar la carne humana. No quise ser caníbal. Aunque resultaba un poco afrodisiaco pensar en ello. No lo quise.

Comencé a notar  que la gente pasaba de un lado a otro, sin hablar, sin saludar…

Un día, estaba sentado en el parque, alimentando a unas aves con migajas del pan mirando el entorno. El aire fresco, el sonido de los pájaros, el sonido del agua de la fuente que tenia delante mio. Entonces, un niño se acercó a las palomas que alimentaba, las observaba como si fueran una novedad, con gran fascinación. La mirada era indescifrable.

Era penetrante, profunda y un poco fría para un niño. Vestía un traje color azul con franjas negras, tenia en su boca cicatrices de puntadas, lo cual me hace suponer que le habían cocido los labios y tras los púlsares, tuvieron que descocérsela. En otras palabras, era un niño de clase alta.

Me dio mucha curiosidad, tenía la piel oscura, y sus ojos castaños, con unas pestañas enormes. Quería hablarle. Conocía la lengua de este planeta-era obligatorio para ser transportista de la Confederación conocer 10 lenguas extranjeras-así que pensé en lo impensable…¿Qué tal si le  preguntó algo? ¿Qué cosa…?

-Hola-me atreví a decir, el niño de inmediato me miró sorprendido y asustado (mas lo segundo) y me inspeccionó de pies a cabeza.

Tras un largo rato, el niño respondió

-Hola-fue su respuesta y siguió contemplando a las aves con una fascinación exaltada.

-¿Te gustan mucho?-me aventuré a preguntar, él volvió a verme y se sentó a mi lado…extendió su mano para recibir algo, no entendí que hasta que me señaló el pan.

Le di un poco y  se acercó a las aves para tratar de darles de comer.

Esbozo una sonrisa al ver que estas comían de su palma.

-¿Es divertido?-insistí, aquí la soledad me mataba, y necesitaba hablar. Expresar, aunque sea un poco, lo que sentía…Distraerme.-son palomas…-agregue, el arqueó las cejas y dijo con esfuerzo, como apretando las sílabas…

-Pa…lo…mas…-

-¿Las conocías?

-las conocía…-agregó con la misma dificultad, tal vez, aprendió las palabras escritas y en su pensamiento, pero nunca le enseñaron a pronunciarlas porque no era necesario hablar. Bueno, quizá a él si, por ser de clase alta. Como dije, hacer uso de la boca era ofensivo. Nunca conocían ni su voz, no eran escuchados sus gritos silenciosos e histéricos.

-¿Eres de aquí? ¿Te gusta el parque?

-Gusta-responde-

-¿Tienes para escribir? ¿O no tienes?

-No-sus respuestas eran monosílabas en su mayoría y tenía que pronunciarlas antes yo para que él pudiera decirlas.

Así estuvimos un rato hasta que su madre se acercó y me pidió disculpas si su hijo me había ofendido hablando. Respondí con un movimiento negativo de mi cabeza.

De cuando en cuando me iba  a ver si ya estaba mi nave reparada, pero no, aun no.

Era debido a que los púlsares eran constantes, incluso mi celular fallaba y tenía poca señal. Algo de locos en ese mundo.

Sin embargo, empecé a extrañar a mi familia, mi hogar, a mis amigos…

Incomunicado de ellos, incomunicado aquí…no podía hablar con nadie, ni siquiera escribiendo porque me creían inferior… Veían un desperdicio del gobierno mantenerme y un verdadero insulto de la Confederación intergaláctica el tenerme como empleado, de una raza inferior siendo tratado como superior.

Las semanas fueron meses…

Y empecé a andar  por los espacio del planeta, conociendo lo que describí. Lo que vi en este lugar.

Había mucha frialdad en las personas, me comencé a sentir vacío. Angustia, preocupación, tristeza y depresión…

Mis únicas amigas eran las palomas que alimentaba y ello era algo muy tétrico.

Me pregunto ¿acaso no se sentirán ellos tristes y solitarios? ¿Cómo podían vivir en ese modo?

No hablaban, estaban encerrados en su burbuja de cristal. Parecían mimos en sus actos, pero muy pocos eran expresivos. El frio ártico de este planeta era causado por sus habitantes. Quienes a raíz de que no había tecnología, fueron actuando como primitivos.

Hablaban con vergüenza, y algunos pocos se atrevieron a tener pareja…

Que hecho más horroroso, que me tope por las calles, fue el ver como observaban y daban toques a una pareja solo por besarse. ¿Mostrar cariño a otro, que no eres tú? ¡Que ofensa! ¡Que baja calaña!

Los medios que dependían de las telecomunicaciones, caían…

Solo aquellos mas avanzados-como los del gobierno-funcionaban. Muchos sufrían de migraña, a causa de su “comunicación magnética”. Los hospitales estaban llenos. Y para protegerse de un posible robo o tentación primitiva, andaban armados.

No era raro, escuchar balazos de noche. No era rara la represión social para aquel que exigiera sus lujos. Su derecho social a la comunicación globalizada.

Finalmente, un mensaje alegró mi día-y en un momento muy acertado…-

Los marcianos llegaron a buscar mi nave en una nave nodriza mandada por la Confederación, y  a recoger el metal que transportaba. Por supuesto, el llevarme con ellos era parte de la misión.

Me sorprendió el ver que esa nave nodriza no se viera afectada por los púlsares solares, luego me explicaron que era porque ellos tenían un escudo que desvía las ondas magnéticas, como si no existieran. El radar tampoco los detectaba.

Que dicha, ellos si hablaban…

Una vez en la nave, rumbo a Marte y de ahí a mi galaxia, empezaron los juegos…

-¿Qué tal la Tierra?-me pregunta el asistente de los pilotos, era un joven de 23 años, rubio y con ojos azules como el cielo-

-Insoportable, estuve a punto de suicidarme. En verdad…-era cierta, si no llegaban ellos, yo me iba a dar una “sobrecarga”.

-Je, si, son curiosos porque no hablan…

-¿Cómo pueden vivir en su burbuja de cristal?-bufé quejándome-

-No lo sé-me responde riendo de oreja a oreja-pero bueno, ya irás a casa…

-Son unos enfermos, caníbales, se mandan a hacer como androides, no hablan, son soberbios, no tienen Iglesias, ni fe, ni Dios…-empecé a decir desmesuradamente, hablé lo que no hable por meses. De esto no había hablado porque nunca lo observé, pero ahora lo explico: SÓLO CREEN EN LA CIENCIA, EN LO QUE VEN, LA FE ERA PARTE DEL PASADO.

-bueno, la Confederación es neutral con las leyes de cada planeta…-vuelve a decirme a mi compañero…

-¿y como va el Sol? ¿Para cuando es una estrella roja?

-según los estudios, en unos días dejará de emitir ondas…

-¿es decir que ya será estrella roja? ¿No lleva más tiempo?

-nunca dije eso, sino que estará estable-me responde con amabilidad-

-ah…-exclamé… e hice una larga pausa…

-¿Qué pasa? ¿Ahora eres mudo?

-no, no…el estar mucho tiempo con uno mismo puede causar la locura, amigo…

-no si eres sensato-me responde con un tono despreocupado-

-es que no viviste lo que viví…

-¿Qué tal si lo escribes? Podrías vender bien esta anécdota…seria como un “Documental terrestre”

-buena idea…

Y es así, estimado lector, como hice esta obra.

Como narré lo que observé de la Civilización Terrestre más Avanzada.

¿Y qué creen? El Sol está estable. La Tierra esta casi congelada, ¿Pero que importa? Ellos son más máquina que humanos.

Ellos continúan con su vida tal y como la describí.

Gozando de  alta tecnología y de su soledad.

 

 

 

 

 

 

 

SEGUNDO CERTAMEN NADA QUE FINGIR

 

Género:  Cuento

Premio:   Publicación en antología y 100 ejemplares

Abierto a:  escritores mexicanos o extranjeros radicados en México, mayores de edad

Entidad convocante: Asociación Mexicana de Autobiografía y Biografía (AMAB) y Ediciones El nido del fénix

País de la entidad convocante: México

Fecha de cierre:   31-07-2017

 

BASES

SEGUNDO CERTAMEN NACIONAL NADA QUE FINGIR EN LA CATEGORÍA DE CUENTOENTIDADES CONVOCANTES

Asociación Mexicana de Autobiografía y Biografía (AMAB)
Ediciones El nido del fénix

BASES

I. DE LOS PARTICIPANTES.

Podrán participar tanto escritores mexicanos como extranjeros radicados en México que al momento de enviar su texto cuenten con la mayoría de edad.

II.DE LOS TEXTOS

Enviar un único cuento inédito con un mínimo de tres (3) y un máximo de seis (6) cuartillas, considerando como tales una página tamaño carta (21.5 x 28 cm.) con márgenes de 2.5 cm. por cada lado, tipografía en Times New Roman de 12 puntos e interlineado de 1.5 cm. Enviarlo en formato pdf, firmado con pseudónimo, con fecha límite del 31 de julio de 2017, al siguiente correo:

edicioneselnidodelfenix@hotmail.com

III. INFORMACIÓN ADJUNTA.

En el mismo correo en que se envíe el cuento, se deberán agregar también en .pdf:

a) Plica de identificación con los siguientes datos: nombre completo, pseudónimo, título del cuento, fecha y lugar de nacimiento, información de contacto (teléfono, celular, correo electrónico), domicilio.

b) Carta de aceptación en que se señale que el cuento es inédito, de la absoluta autoría del participante y que se autoriza a Ediciones El nido del fénix la publicación física y/o electrónica del mismo.

PREMIACIÓN

El jurado estará formado por escritores de reconocida trayectoria quienes seleccionarán los diez trabajos finalistas para integrar una antología que se presentará en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara de 2018. Los viáticos para asistir a la presentación correrán por cuenta de los participantes.

Asimismo, los finalistas obtendrán como premio la siguiente cantidad de ejemplares de la edición:

Lugar – Ejemplares
1º – 100
2º – 50
3º – 30
4º-10º – 10

Los detalles de la premiación se darán a conocer a través de las redes sociales del Premio Nada que fingir y de Ediciones El nido del fénix.

Fuente

 www.escritores.org