La Aldea de los Ciegos- Egoismo

 

Egoísmo

La invidente tenía grandes poderes curativos, un gran don para la Aldea de los Ciegos. Las personas se acercaban a ella para recuperar su visión.

La Aldea tenía la maldición de que los habitantes nacían con su vista normal hasta los 15 años, después de todos quedaban ciegos. Algunos perdían la visión antes y otros después, pero en promedio a los quince perdían la vista. Muchos adolescentes aterrados, decidían quitarse la vida, otros cuidaban su salud y viajaban a aldeas cercanas para ver y disfrutar de grandes maravillas. Si bien, la señora podía devolver la vista a cualquiera sólo tenía una condición que muy pocos mantenían por más de un año.

Ella podía devolver la vista una vez, pero la siguiente ya no. Además, debía ser totalmente coherente y humilde. Despreciar al otro, llamarle tonto, mal tratarlo, sentir celos, ira, rencor…de inmediato te hacia ciego. La invidente les deba una receta para ser felices plenamente, para transformarse y amarse uno al otro, y ver con claridad. Sin embargo, muchos de sus pacientes perdían la vista ese día, la semana o pocos meses.

Los pocos que gozaban de buena visión eran los que mantenían la armonía y ofrendaban su vida a curar y atender a quienes no, pese a que estás les maldecían porque podía ver y ellos no.

La señora invidente tenía una hija, llamada Xóchitl, a quien la visión nunca se le fue, y el secreto que porque su madre desde muy joven le inculcó el amor por otros. Por ello, ella respetaba, amaba y compartía lo que su madre le enseñó. Porque la ceguera era causada por el interior del ser humano, por su terquedad, porque siendo ciegos rechazaban el cariño sincero de aquellos que amaban dar de sí a otros, sin comprender porque algunas personas se preocupaban por los demás.

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